En la primera temporada de eclipses, algo se disolvió.
Un mundo cayó… y otro comenzó a gestarse en silencio.
Como una mariposa recién salida de la crisálida, entramos en un espacio de observación, incertidumbre y misterio.
Se plantó una semilla.
Y ahora, comienza a echar raíz.
Esta segunda temporada no es sobre empezar.
Es sobre medir el primer salto.
La segunda temporada de eclipses es el momento en que aquello que se abrió comienza a tomar forma.
Si antes el tiempo se aceleró para mostrarnos lo que debía caer, ahora se acelera para revelarnos cómo sostener lo que está naciendo.
Es un período más activo: las decisiones, las acciones y el lugar donde nos posicionamos toman un rol central.
Con la activación del eje Leo–Acuario, surge un llamado a equilibrar quiénes somos con el lugar que ocupamos en el colectivo.
Ya no basta con comprender: ahora es necesario encarnar.